Las iguanas son reptiles hermosos y pueden ser mascotas maravillosas, pero muchos dueños se sorprenden por lo grandes, fuertes y, a veces, agresivas que pueden llegar a ser a medida que crecen y maduran. Es probable que las iguanas que se venden en las tiendas de mascotas estén, al menos, algo estresadas por sus experiencias de envío, manipulación y reubicación. Conseguir una iguana de un centro de rescate es una excelente idea, pero recuerda que algunas habrán sido descuidadas e incluso maltratadas, lo que puede hacer que ganarse su confianza tome más tiempo.
A menudo una iguana es bastante dócil durante los primeros días después de ser llevada a casa. En este punto, muchos propietarios piensan que domar su iguana no será ningún problema, no obstante terminan asustándose un poco al cabo de unos días cuando la iguana comienza a mostrar signos de agresión. Esto es normal: Al principio, la iguana puede haber estado demasiado nerviosa e intimidada como para establecer autoridad. Sin embargo, a medida que la iguana se sienta más cómoda, es más probable que vaya mostrando algo de caracter.

Identifica cuándo tu iguana se siente amenazada
Las iguanas tienen dientes afilados y pueden morder, además de tratar de azotarte con su cola, que puede ser extremadamente poderosa (las espinas dorsales a lo largo de la cola también son muy afiladas). Tienen garras afiladas, por lo que es probable que recibas algunos arañazos al manipularlas por primera vez. Familiarizarse con su lenguaje corporal y comportamiento es una buena idea para poder leer las señales de advertencia. Los movimientos de cabeza y la expansión de la papada pueden indicar que la iguana se siente amenazada y está dispuesta a defenderse; esto es un claro signo de agresión.
Sé paciente y predecible
Dale a tu nueva iguana un par de semanas para adaptarse antes de comenzar el proceso de domesticación. Establece una rutina para la alimentación, la limpieza y el manejo: una rutina diaria predecible proporcionará una sensación de seguridad para la iguana.
Habla con tu iguana
Habla con tu iguana mientras realizas tareas rutinarias, y mantenla en un lugar donde pueda observarte seguir con tu rutina diaria. Esto le ayudará a acostumbrarse a tu presencia. Pasa tiempo mirándola y hablándole. Usa su nombre, ya que las iguanas tienden a reconocerlo con el tiempo.
Demuestra a tu iguana que estás al cargo
Domar una iguana es un equilibrio entre mostrar que estás al mando, sin excederte hasta el punto de asustarla o intimidarla demasiado. Debes ser firme y persistente sin estresar por completo a la iguana. Al mismo tiempo, si la iguana es agresiva o se resiste y tú te retiras de inmediato, ella pensará que ha «ganado» y que puede salirse con la suya siendo agresiva. Esto puede ser más fácil decirlo que hacerlo, especialmente cuando una iguana te está arañando, intentando morder o azotándote con su cola, pero es importante dejar claro que tú tomas las decisiones y estás al mando de la interacción
Acércate y manipula a tu iguana con cuidado
Pon tu mano en la jaula y acércate a la iguana. Hazlo desde un costado, en lugar de desde arriba, ya que esto último puede ser percibido como una amenaza. Si la iguana adopta posturas agresivas o se agita, retrocede un poco, pero sigue intentándolo mientras hablas con una voz suave. Asegúrate de que tus movimientos sean lentos y suaves. Si dejas de intentarlo inmediatamente, la iguana creerá que te está «entrenando». Repite este paso hasta que la iguana se acostumbre más a tu mano.
Habitáculo a prueba de escape
Antes de intentar manipular a tu iguana fuera de su jaula, asegúrate de que la habitación o el espacio sea seguro y a prueba de fugas, sin posibles medios de escape. Bloquea cualquier espacio, por pequeño que sea, ya que una iguana podría escapar a través de él. Asegúrate de que todo lo rompible esté fuera de su alcance, recordando que las iguanas también son buenas escaladoras, por lo que esto incluye las zonas más altas.

Agarra y acaricia a tu iguana
Una vez que se haya acostumbrado, intenta acariciar y sostener a tu iguana. Si es pequeña, podrás agarrarla con una sola mano, pero si es más grande, será necesario usar ambas manos.
Suelta a tu iguana sólo cuando esté en calma
Trata de no soltar a la iguana hasta que esté tranquila. Esto le ayudará a aprender que estar calmada es lo que la devolverá a su sitio, en lugar de resistirse. Si la iguana se aleja de ti, no te asustes ni la persigas. Deja que se calme y acércate lentamente mientras le hablas en voz baja. Puede que eventualmente tengas que perseguirla, pero es mejor evitarlo si es posible. Nunca agarres a la iguana por la cola: pueden soltarla como mecanismo de defensa, dejándote con la cola mientras ella sigue suelta.
Prueba de comportamiento
Domar una iguana requiere ganarse su confianza, lo cual no sucederá de la noche a la mañana. La confianza se gana con el tiempo. Un manejo regular, consistente y suave es absolutamente necesario para domar a las iguanas y mantenerlas manipulables a medida que crecen.
A medida que la iguana se vuelve más receptiva al manejo, podrás detectar mejor su estado de ánimo. Si generalmente acepta el manejo pero en algún momento está tensa o muestra señales de incomodidad, respétalo y déjala en paz. Inténtalo de nuevo más tarde.
Evalúa el comportamiento en distintas situaciones
Para probar el comportamiento de tu iguana, manipúlala en diferentes momentos del día y en distintas situaciones. Por ejemplo, sácala de su jaula tanto de día como de noche, o cuando haya otras personas cerca.
Si alguien más quiere acariciar o sostener a la iguana, recuérdale que, aunque esté domesticada, puede sentirse ansiosa ante extraños. Pide a los visitantes que se tomen su tiempo para ganarse la confianza de tu mascota y evita que la acaricien o sostengan si parece estresada o agresiva.
Complementario: Cómo cortar las uñas a una iguana